Probablemente, tras el diagnóstico, tu primera reacción o el consejo de tus allegados haya sido: «descansa, no te esfuerces, guarda reposo». Durante décadas, esa fue la norma. Sin embargo, la ciencia ha dado un giro de 180 grados. Hoy sabemos que el entrenamiento oncológico no es solo una recomendación, es parte fundamental del tratamiento médico.
Si estás navegando por esta página, es porque buscas respuestas claras sobre qué puedes hacer, qué no debes hacer y cómo el ejercicio físico puede ayudarte a sentirte mejor, recuperar el control de tu cuerpo y mejorar tu pronóstico.
En este artículo, vamos a dejar de lado los mitos para centrarnos en la evidencia científica, explicándote paso a paso cómo integrar el ejercicio en tu proceso de curación.
¿Qué es exactamente el entrenamiento oncológico?
Es crucial empezar por una distinción importante: moverse no es lo mismo que entrenar.
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Actividad física: Es cualquier movimiento que gaste energía (caminar, limpiar la casa, ir a la compra). Es buena, pero a menudo insuficiente para contrarrestar los efectos secundarios agresivos de los tratamientos.
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Ejercicio terapéutico u oncológico: Es una actividad planificada, estructurada y dosificada por un profesional. Tiene un objetivo concreto (ganar fuerza, mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, aumentar el rango de movimiento) y se adapta a tu situación clínica actual (tipo de cáncer, fase del tratamiento, efectos secundarios).
El entrenamiento oncológico busca prescribir el ejercicio como si fuera un medicamento: con la dosis justa, la frecuencia adecuada y el tipo correcto para ti.
Los beneficios del entrenamiento oncológico: Tu músculo como órgano protector
Cuando realizas un entrenamiento oncológico supervisado, no solo estás «poniéndote en forma». Estás activando mecanismos fisiológicos que ayudan a tu cuerpo a luchar.
1. Combate la fatiga oncológica
Parece contradictorio: ¿si estoy cansado debo moverme? Sí. La fatiga relacionada con el cáncer no mejora con el reposo absoluto; de hecho, el reposo la empeora porque atrofia la musculatura. El ejercicio es, a día de hoy, la herramienta no farmacológica más potente para reducir esa sensación de agotamiento constante.
2. Previene la Sarcopenia y la Caquexia
Muchos tratamientos (quimioterapia, terapias hormonales) provocan una pérdida acelerada de masa muscular y fuerza. El músculo esquelético actúa como un órgano endocrino, liberando mioquinas, unas sustancias con potencial antiinflamatorio que ayudan a regular el sistema inmune. Mantener tu masa muscular es vital para tolerar mejor los tratamientos.
3. Mejora la salud ósea
Tratamientos para cáncer de mama o próstata pueden acelerar la osteoporosis. El entrenamiento de fuerza (cargas) estimula el hueso, ayudando a mantener su densidad y reduciendo el riesgo de fracturas.
4. Impacto Psicológico y Emocional
El ejercicio reduce los niveles de ansiedad y depresión, mejora la calidad del sueño y, lo más importante, te devuelve la sensación de autoeficacia. Sentir que tú puedes hacer algo activo por tu salud es empoderador.
Fases del entrenamiento según tu etapa
El entrenamiento oncológico no es estático; debe fluir y adaptarse a lo que estás viviendo. Aquí te explico cómo lo abordamos según el momento:
Prehabilitación: Antes del tratamiento
El tiempo entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento (cirugía o quimioterapia) es oro. El objetivo aquí es llegar al tratamiento en la mejor condición física posible.
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Enfoque: Aumentar la reserva funcional.
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Meta: Que tu cuerpo sea más resistente a la agresión que supone una cirugía o un ciclo de quimioterapia. Los pacientes que hacen «prehabilitación» suelen tener estancias hospitalarias más cortas y menos complicaciones.
Durante el tratamiento (Quimio, Radio, Inmunoterapia)
Aquí la prioridad es mantener. Habrá días malos en los que solo puedas hacer 10 minutos de movilidad, y días buenos en los que puedas entrenar fuerza.
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Adaptación: Ajustamos la intensidad según tus analíticas y tu sensación de energía diaria.
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Seguridad: Vigilamos las defensas bajas (neutropenia) o el riesgo de infección para adaptar el entorno de entrenamiento.
Afianzar tras tu tratamiento
Una vez superada la fase aguda, el objetivo es recuperar y potenciar. Queremos devolverte a tu vida normal, laboral y deportiva, mitigando secuelas a largo plazo como el linfedema, la rigidez articular o la neuropatía.
¿Qué tipo de ejercicios debe incluir tu programa de entrenamiento oncologico?
Olvídate de solo «salir a andar». Un programa de entrenamiento oncológico eficaz debe ser multicomponente.
1. Entrenamiento de Fuerza
Es el pilar fundamental. No tengas miedo a las pesas, las bandas elásticas o las máquinas.
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Por qué: Es lo único que frena la pérdida de músculo.
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Cómo: Se debe realizar 2-3 veces por semana, adaptando el peso para que suponga un estímulo pero sea seguro.
2. Entrenamiento Cardiovascular
Caminar a buen ritmo, bicicleta estática, elíptica o remo.
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Por qué: Mejora la salud de tu corazón (que a veces sufre por la cardiotoxicidad de algunos fármacos) y tu capacidad de oxigenación.
3. Movilidad y Flexibilidad
Especialmente importante si has pasado por cirugía (ej. mastectomía) o radioterapia, que puede crear fibrosis (tejido duro) y limitar el movimiento.
4. Trabajo de equilibrio y coordinación
Fundamental si sufres neuropatía periférica (hormigueo o pérdida de sensibilidad en manos y pies), un efecto secundario común de los taxanos y platinos.
Banderas rojas: ¿Cuándo NO debes entrenar?
Aunque el ejercicio es seguro, existen contraindicaciones absolutas o momentos donde debemos parar y consultar al oncólogo. Tu seguridad es lo primero.
No entrenes o consulta urgentemente si presentas:
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Fiebre: Temperatura superior a 38ºC.
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Dolor óseo nuevo: Un dolor profundo que empeora con el movimiento y no cede.
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Mareos o dolor en el pecho: Síntomas cardíacos agudos.
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Anemia severa o plaquetas muy bajas: Aunque se puede adaptar, requiere supervisión médica estricta para evitar sangrados o desmayos.
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Infección activa: Tu cuerpo necesita energía para combatir la infección.
Cómo elegir a tu profesional del entrenamiento oncológico
No vale cualquier entrenador. Al igual que no dejarías que un dentista te operase del corazón, tu entrenamiento debe estar guiado por un especialista.
Busca profesionales que:
- Sean Educadores Físico Deportivos (Graduados en CAFYD) colegiados.
- Tengan formación específica de posgrado en patología u oncología.
- Trabajen en comunicación con tu equipo médico.
- Te realicen una valoración inicial completa antes de mandarte el primer ejercicio.
¿Estás listo para tomar parte activa en tu recuperación?
Sabemos que dar el primer paso asusta. El miedo a hacerse daño o no saber por dónde empezar es normal. Pero no tienes que hacerlo solo.
El entrenamiento oncológico es la herramienta que te permite dejar de ser un «paciente» pasivo para convertirte en un agente activo de tu propia salud. Si quieres un plan adaptado a tu diagnóstico, tus tiempos y tus necesidades, es hora de hablar con un especialista.
Contacta con nosotros hoy mismo. Evaluaremos tu caso sin compromiso y diseñaremos la estrategia de movimiento que tu cuerpo necesita para afrontar este proceso con la mayor fortaleza posible.
Preguntas frecuentes sobre el entrenamiento oncológico
¿Puedo hacer ejercicio los días que recibo quimioterapia?
Depende de cómo te sientas. Generalmente, se recomienda ejercicio ligero o movilidad el mismo día para reducir las náuseas y mejorar la circulación, pero sin buscar intensidades altas. Escucha a tu cuerpo; si necesitas dormir, duerme.
¿Cuánto tiempo tengo que esperar después de una cirugía para comenzar mi entrenamiento oncológico?
La movilización temprana (caminar, mover articulaciones distales) suele recomendarse a las 24-48 horas. Para el entrenamiento de fuerza en la zona operada, debemos esperar a la cicatrización correcta y la autorización del cirujano, pero puedes entrenar el resto del cuerpo (tren inferior, por ejemplo) mucho antes.
Me siento muy débil, ¿no me cansaré más si entreno?
Es la paradoja de la fatiga oncológica. El sedentarismo aumenta la sensación de debilidad. Un programa de ejercicio bien dosificado (empezando con poco volumen) aumentará tus niveles de energía progresivamente.
¿El yoga o pilates cuentan como entrenamiento oncológico?
Son excelentes complementos para la flexibilidad, la conexión cuerpo-mente y la relajación. Sin embargo, por sí solos, a menudo carecen del estímulo de fuerza suficiente para prevenir la pérdida muscular severa. Lo ideal es combinarlos con trabajo de fuerza.
¿El ejercicio cura el cáncer?
No. El ejercicio no sustituye a la quimioterapia, radioterapia o cirugía. Es una terapia complementaria que mejora la eficacia de los tratamientos, reduce sus efectos secundarios y aumenta las tasas de supervivencia y calidad de vida.
¿Qué beneficios tienes el entrenamiento oncológico?
1. Combate la fatiga oncologica
2. Previene la Sarcopenia y la Caquexia
3. Mejora la salud ósea
4. Impacto Psicológico y Emocional